Con tres palabras ya sabe todo el mundo de qué va esto: de hipocresía, efectivamente.
Hace... ¿6 meses? más o menos, me compré un par (es decir: dos) electrodomésticos para casa, apuntándome al Plan renove de la Comunidad de Madrid. Básicamente: por deshacerte de tus cacharros viejos y comprar unos nuevos con consumo reducido te daban una ayuda económica. Hasta aquí, todo perfecto(1).
El caso es que hace un par (es decir: dos) de días he recibido un par (es decir: dos) de cartas quasi iguales en sobres con membretes de la Comunidad de Madrid y sin más indicación; no decía si era de recaudación de impuestos, de consumo, de sanidad, de... nada. Y, claro me entró el canguelo: cuando el Gobierno te manda una carta has de temblar: Señor Ciudadano, tiene que pagar un poco más. Con más miedo que vergüenza elijo una del par (es decir: una de las dos) al azar y la abro... a ver qué sorpresa me llevo.
La sorpresa fue mayúscula: una carta en la que no se decía absolutamente nada. ¡Nada! A ver; no quiero decir que no hubiese nada escrito en la carta, quiero decir que lo que se decía eran obviedades sin sentido y sin objeto referentes a la compra de uno de aquel par (es decir: dos) de electrodomésticos que me compré. ¿No os lo creéis? Ahí va la carta (pincha para leerla en todo su esplendor):
¿Qué pone? ¿Qué quiere? ¿Qué dice? ¿He de hacer algo? ¿Pide algo? ¿Cuenta algo que ya no sepa? ¡¿Sirve para algo?!
Atónito miro el segundo sobre... tembloroso lo abro: ¿serán capaces de haberme escrito un par (es decir: dos) de cartas quasi iguales para no decir nada en ninguna de ellas? Pues sí, efectivamente: me habían escrito un par (es decir: dos) cartas iguales, sin sentido, sin contenido, sin objeto, solo para decirme que me había comprado un electrodoméstico de bajo consumo acogiéndome al Plan renove y que esto les anima a seguir trabajando en esa línea. Dos cartas, una carta por electrodoméstico, iguales salvo que al final de cada una de ellas se especificaba el electrodoméstico gracias al cual recibía la misiva.
¡Toma austeridad! ¡Toma control de gasto útil! ¡Toma reducción del consumo de energía!
Vamos, anda... no me jodas, no me jodas. Ya puestos, podían haberme enviado un par (es decir: dos) de comparsas con animadoras y pompones a casa para decírmelo. Y todavía hay gente que se cree que de verdad estamos en crisis, que no hay dinero, que tenemos que trabajar más por menos, perder derechos y vivir peor que antes. No me toques los cojones, coño.
Me bajarán el sueldo, me re-cobrarán por la sanidad, pagaré peaje por las autopistas públicas y por el agua, por aparcar, por el aire; vale. Pero que no me digan que no hay dinero, porque es mentira.
Gilipollas, sí; tonto, no.
(1) O no, porque en este punto habría que tratar el eterno dilema: ¿debe el Estado subvencionar a sus ciudadanos? ¿Es correcto que el Estado subvencione la compra de aparatos eléctricos, con la escusa de que estos tienen un consumo menor? ¿Es correcto que el Estado subvencione los colegios privados con la escusa de ahorrar costes (sic)? ¿Es correcto que el Estado subvencione el Día del orgullo zombie con la escusa de que es una fiesta internacional? ¿Y las Jornadas Mundiales Jedi con la escusa de que es un acto religioso de nivel mundial? ¿Nos hemos vuelto todos idiotas sin escusa?








